Mostrando entradas con la etiqueta evolución. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta evolución. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de junio de 2014

¿De dónde venimos?

  Estoy firmemente persuadido de que en los mitos, a falta de un vocablo más preciso para designar los fenómenos de vuelo, se utiliza la palabra "dioses" como sinónimo de viajeros del espacio.  Una y otra vez comienzan los textos con frases como "toma tu estilete y escribe", o "mira bien lo que te muestro, y comunícaselo a tus hermanos y hermanas".  Los antiquísimos depositarios de tales mensajes difícilmente podían entenderlos o aprovecharse de su contenido;  en realidad se dirigían a generaciones futuras.  ¡Los destinatarios éramos nosotros!  Con los conocimientos que poseemos sobre nuestros satélites, estamos ya capacitados para reconocer los hechos a que aluden tales relatos.  Sabemos el aspecto que ofrece nuestro planeta visto desde gran altura.  El símil de la "masa y el dornajo", con que en el poema de Gilgamesh se describe la tierra contemplada desde lejos, nos dice a las claras lo que aquellos antiguos astronautas veían.

Gilgamesh
  Fábulas, leyendas, mitos y sagradas escrituras están preñadas de verdades, de hechos reales.  A nosotros  toca desbrozar esas tradiciones y limpiarlas de sus elementos fantásticos para intentar llegar hasta su entraña misma.  Cuando lo hayamos conseguido, tendremos en nuestras manos la verdadera protohistoria de la humanidad.  A todo el mundo debiera interesar esta investigación, ya que la pregunta "¿de dónde venimos, adónde vamos?" concierne y acucia a todos los pueblos de la Tierra.

  En la mitología se habla de seres que "transitan" por el espacio desde tiempos inmemoriales.  Los nombres de constelaciones como la Osa Mayor y la Osa Menor, el Cisne, Hércules, el Aguila, la Hidra y los doce Signos del Zodíaco datan del tercer milenario antes de Cristo.






jueves, 12 de diciembre de 2013

La inteligencia evolutiva

  Entre las adaptaciones que parecen ser útiles está la que llamamos inteligencia.  La inteligencia es la ampliación de una tendencia evolucionista que se manifiesta en los organismos más simples:  la tendencia hacia el control del ambiente.  El adicto y fiel método biológico de control ha sido el material hereditario: información transmitida por ácidos nucleicos de generación en generación, información sobre cómo construir un nido, información sobre el temor a las caídas, a las serpientes, o a la oscuridad;  información sobre cómo volar hacia el Sur durante el invierno.

  Pero la inteligencia necesita información sobre una cualidad adaptable desarrollada durante la vida completa de un solo ser.  Hoy día existe una variedad de organismos en la Tierra que poseen esta cualidad que llamamos inteligencia.  Los delfines la tienen y lo mismo ocurre con los grandes antropoides.  Pero es mucho más evidente en el organismo llamado hombre.

  En el hombre no sólo existe esa información de adaptabilidad adquirida en la vida de un solo individuo, sino que se transmite estratégicamente a través de la cultura, libros y educación.  Es precisamente esto, más que otra cosa, lo que ha elevado al hombre a su actual estado preeminente en el planeta Tierra.

  Somos el producto de cinco mil millones de años de evolución biológica lenta, fortuita, y no hay razón alguna para pensar en que se haya detenido tal proceso evolutivo.  El hombre es un animal en período de transición.  No es el clímax de una creación.
  La Tierra y el Sol existirán muchos más miles de millones de años.  El futuro desarrollo del hombre probablemente dependerá de una disposición cooperadora entre la evolución biológica controlada, manejos genéticos y una íntima asociación entre organismos y máquinas inteligentes.  Pero no creo que haya nadie que pueda emitir pronóstico alguno de ésta evolución futura.  Lo que sí resulta evidente es que no podemos permanecer estáticos.
  Al parecer, en nuestra historia más primitiva, los individuos eran adictos a su inmediato grupo tribal, que posiblemente no sobrepasaría los diez o veinte individuos, todos ellos emparentados por lazos de consaguinidad.  A medida que el tiempo transcurrió, la necesidad de un comportamiento de cooperación --en la caza de grandes animales o rebaños, en la agricultura y en el desarrollo de ciudades-- obligó a los seres humanos a formar grupos cada vez mayores.

  En la actualidad, ejemplo particular de los cinco mil millones de años de historia de la Humanidad, la mayoría de los seres humanos deben fidelidad y obediencia al estado-nación (aunque algunos de los problemas políticos más peligrosos surjan todavía a causa de conflictos trivales relacionados con unidades de población muy pequeñas).

  Muchos líderes visionarios han imaginado una época en que la devoción, obediencia o fidelidad de un ser humano individual no se centre en su particular estado-nación, religión, raza o grupo económico, sino que lo haga sobre toda la Humanidad en su conjunto, es decir que cuando se beneficie a un ser humano de otro sexo, raza, religión, que se encuentra a una distancia de nosotros de quince mil kilómetros, el hecho nos sea tan preciado como si hubiésemos favorecido a nuestro propio hermano o vecino.


  Se tiende a seguir el criterio, pero el avance es sumamente lento.  Aquí es preciso hacerse una pregunta muy seria sobre si se podrá lograr semejante auto-identificación global de la Humanidad antes de que nos destruyamos con las fuerzas tecnológicas que ha desarrollado nuestra inteligencia.
  En un sentido muy real, los seres humanos son máquinas construídas por los ácidos nucleicos para disponer una eficiente repetición de más ácidos nucleicos.  En cierto sentido, nuestras necesidades más acuciantes, las más nobles empresas, y el manifiesto libre albedrío, son una expresión de la información codificada en el material genético:  en cierto sentido, somos depósitos temporales y ambulantes de nuestros ácidos nucleicos.  Esto no niega nuestra humanidad.  No nos impide perseguir el bien, la verdad y lo bello.  Pero sería un gran error ignorar de dónde procedemos en nuestros intentos por determinar a dónde vamos.

  No cabe duda alguna de que nuestro sistema instintivo se ha modificado poco desde los días en que los hombres se reunían para cazar, hace varios centenares de miles de años.  Nuestra sociedad ha cambiado enormemente desde aquellos tiempos, y los más grandes problemas de supervivencia en el mundo contemporáneo pueden entenderse en términos de éste conflicto, entre lo que "sentimos" que debemos hacer obedeciendo a nuestros instintos más primarios, y lo que "sabemos" que debemos hacer obedeciendo finalmente, a nuestra cultura extragenética.

  Si sobrevivimos en estos peligrosos tiempos, resulta evidente que incluso una identificación con toda la Humanidad no es una identificación deseable y fundamental.  Si sentimos profundo respeto por otros seres humanos como iguales receptores de este precioso patrimonio de cinco mil millones de años de evolución,
¿porqué no ha de aplicarse tal identificacióntambién a todos los demás organismos de la Tierra que son, asimismo, el producto del mismo número de años de evolución?.

*  El presente artículo fué extraído del libro "La conexión cósmica" de Carl Sagan.





Un animal de transición

  Hace cinco mil millones de años, cuando apareció el Sol, el Sistema Solar se transformó desde una negrura impenetrable a un cegador chorro de luz.  En las partes interiores del Sistema Solar, los primeros planetas eran grupos irregulares de roca y metal -- los desechos, los constituyentes menores de la nube inicial, el material que no se había alejado tras la ignición del Sol.

  Estos planetas se calentaron al formarse.   Los gases atrapados en su interior fueron exudándose, valga la expresión, para formar atmósferas.  Se derritieron sus superficies y los volcanes fueron cosa común.
  Las primeras atmósferas se componían de los más diversos átomos y eran muy ricas en hidrógeno.  La luz del Sol, al incidir sobre las moléculas de la primitiva temprana atmósfera, las excitó, provocó choques moleculares y produjo moléculas de mayor tamaño.  Bajo las inexorables leyes de la Química y la Física, éstas moléculas actuaron recíprocamente, formaron verdaderos océanos y dieron lugar a la producción de otras moléculas mucho mayores, moléculas bastante más complejas que aquellos átomos iniciales de las cuales se habían formado, pero todavía microscópicas ante toda posible medida o norma humana.

  Estas moléculas, notablemente suficientes, son las que nos forman.  Los bloques de construcción, por así decirlo, de los ácidos nucléicos, que constituyen nuestro material hereditario, y los bloques de cimentación de las proteínas, los obreros que ejecutan el trabajo de la célula, se produjeron de la atmósfera y océano de la primitiva Tierra.  Sabemos esto porque hoy día podemos reproducir dichas moléculas repitiendo las condiciones primitivas.



  Casualmente, hace muchos miles de millones de años, se formó una molécula que poseía una capacidad notable.  Era capaz de producir, de los bloques de construcción moleculares de las aguas circunstantes, una copia de sí misma, un doble de sí misma bastante exacto.  En este sistema molecular hay un conjunto de instrucciones, un código molecular que contiene la secuencia de bloques de edificación de los cuales se construye la molécula mayor.  Cuando, por accidente, se produce un cambio en la secuencia, también se modifica la copia o lo que hemos llamado "doble".  Semejante sistema molecular -capaz de replicación, mutación y repetición de sus mutaciones- puede denominarse "vivo".  Es una colección de moléculas  que puede evolucionar mediante la selección natural.  Las moléculas capaces de replicar con mayor rapidez, o de reproducir bloques de construcción partiendo de cuanto les rodea para alcanzar una mayor variedad, una variedad más útil, se reprodujeron con mayor eficacia que sus competidoras, y con el tiempo dominaron.

  Pero las condiciones cambiaron gradualmente.  El hidrógeno escapó al espacio.  La producción de bloques moleculares de edificación declinó.  Disminuyó el material alimenticio que, antiguamente, existía en gran abundancia.  Se expulsó a la vida del jardín molecular del Edén.  Tan solo fueron capaces de sobrevivir aquellos conjuntos de moléculas capaces de transformar cuanto les rodeaba, capaces de producir máquinas moleculares eficaces para la conversión de moléculas simples en otras complejas aptas para la supervivencia.  Aislándose de cuanto las rodeaba, manteniendo las primitivas condiciones idílicas, aquellas moléculas que se rodeaban de membranas tenían una ventaja.  Surgieron las primeras células.

  Al carecer o al no ser fáciles de obtener los bloques moleculares de edificación, los organismos tuvieron que trabajar duramente para formarlos.  Las plantas fué el resultado.  Las plantas se inician con aire y agua, minerales y luz solar, y producen bloques moleculares de edificación, de muy elevada complejidad.  Los animales, como los seres humanos, son parásitos en las plantas.

  Los cambios de clima y competencia entre lo que era entonces amplia diversidad de organismos dió origen a una mayor especialización, una sofisticación de funciones y una elaboración de forma.  Una rica formación de plantas y animales comenzó a cubrir la Tierra.  Aparte de los primeros océanos en los que surgió la vida, se colonizaron nuevos ambientes, como la tierra y el aire.  Entonces, los organismos ya vivían desde la cima del monte Everest hasta los rincones más profundos de los abismos.  Los organismos viven en soluciones concentradas, ardientes de ácido sulfúrico y en secos valles del Antártico.  Los organismos viven en el agua condensada y retenida en un simple cristal de sal.

  Las formas de vida desarrolladas que armonizaban bien con sus ambientes específicos, se adaptaron admirablemente a las condiciones reinantes.  Pero éstas cambiaron.  Los organismos estaban demasiado especializados.  Murieron.  Otros organismos se adaptaron en peores condiciones, pero estaban mas generalizados.  Las circunstancias cambiaron, el clima varió, pero los organismos fueron capaces de persistir.  Muchas más especies de organismos han muerto durante la historia de la evolución terrestre que los que viven hoy día.  El secreto de la evolución es la vida y la muerte.

  * Este artículo es una transcripción parcial del libro de Carl Sagan "La conexión cósmica".


jueves, 5 de julio de 2012

¿Hay ADN extraterrestre en el Genoma humano?

  En ésta oportunidad trataremos el tema del genoma humano.  La comunidad científica ha descubierto que en el árbol genético del homo sapiens se encuentran 223 cromosomas que no pertenecen a nuestra raza, y eso los tiene "rascándose la cabeza".  La ciencia descubrió que el genoma humano contiene 223 genes que no tienen predecesores en el árbol evolutivo.
   ¿Cómo y de donde pudo el ser humano adquirir semejante cantidad de genes?  Pues esa es una pregunta que trataremos de responder en lo posible.  Dicen por ahí que el genoma humano contiene genes pertenecientes a otra especie, una especie extraterrestre.  ¿Qué hay de cierto en ésto?  Pues ahondemos un poco y saquemos algunas conclusiones.  En la progresión evolutiva de las bacterias a los invertebrados (como el linaje del hongo de la levadura, gusanos y moscas que se han descifrado) o los vertebrados (ratones, chimpancés) y los humanos finalmente modernos, estos 223 genes son completamente extraños en la fase de los invertebrados. Por consiguiente, los científicos pueden explicar su presencia en el genoma humano como algo que se incorporo muy recientemente (en escalas evolutivas) "la probable transferencia horizontal desde bacterias ".  En otras palabras: En un momento relativamente reciente los humanos no adquirieron estos 223 genes a través de la evolución gradual, sino que los adquirieron horizontalmente, por medio de inserción de material genético bacterial...
 
En el caso de este articulo entiéndase el termino de transferencia horizontal como la inserción de genes de una manera no evolutiva, siendo que el gen es "agregado" de una manera independiente a la evolución humana.
De hecho, mientras cada gen representa una gran diferencia para cada individuo, 223 genes representan una inmensa diferencia a una especie como la nuestra.  La diferencia entre una persona individual y otra suman aproximadamente la cantidad de mil letras en el alfabeto del ADN." La diferencia entre el hombre y el chimpancé esta en menos de un uno por ciento; y un uno por ciento en 30,000 genes es 300.  !Entonces, 223 genes son mas de dos tercios de diferencia entre usted, yo y un chimpancé.

  
Ese hallazgo pone en duda la "inserción bacterial" para la explicación de estos 223 genes.
  Se sabe  que los versículos de la Biblia que tratan el tema de la formación de Adán están muy resumidos existiendo información con mayor detalle en lápidas de arcilla de Sumerios y de Akkadian donde están muy detallado el papel de los Elohim, el Génesis que había sido realizado por los Anunnaki - "Aquel que del cielo a la tierra vino"
  Pues se ha encontrado escrito en tablillas sumerias que Ellos  vinieron aquí con la necesidad de oro para proteger su atmósfera que se desvanecía. Agotados y en necesidad de oro, su científico Enki sugirió que podrían usar sus conocimientos genéticos para crear los obreros primitivos que necesitaban. Cuando los lideres Anunnaki preguntaron: ¿Como puede crear usted a un nuevo ser?
 
El contesto:
"El ser que nosotros necesitamos ya existe, solo tenemos que poner nuestra marca en el"
 Los Anunnaki vinieron hace unos 450,000 años a la Tierra proveniente del planeta Nibiru -un miembro de nuestro propio sistema solar cuya gran orbita le trae una vez a nuestra parte de los cielos cada 3600 años.  En otra oportunidad abordaremos en detalle el tema de éste planeta practicamente desconocido.

  Hace unos 450.000 años, los Anunnakis podían viajar por el espacio (cuyo umbral nosotros hemos alcanzado ahora).  Esto no solo está claro en textos reales,  sino que también en numerosas pinturas antiguas se puede apreciar la doble hélice del ADN representado en forma de serpientes entrelazadas (un símbolo todavía en uso por la medicina moderna).  En la ilustración de la derecha podemos apreciar ésta doble hélice de la que hablamos.


Cuando los lideres Anunnaki aprobaron el proyecto (como hizo eco en la Biblia: "Forma a Adán "), Enki con la ayuda de Ninharsag, el funcionario medico principal Anunnaki, se embarcaron en en el proceso de ingeniería genética, agregando y combinando genes del Anunnaki con aquellos homínidos existentes en la tierra.

Cuando, después de muchos ensayos y errores impresionantemente salio "el modelo perfecto" se logro, dijo Ninharsag y grito "¡Mis manos lo han hecho!", este hecho se grabo en la antigüedad, Un artista antiguo pinto la escena en un cilindro. 
   
  Dicen por allí que es la causa por la que nosotros tenemos esos genes extra. Estaba en los Anunnaki, no en bacterias, los Anunnaki formaron a Adán y Eva.

   Mas allá de lo que la investigación científica pueda establecer, mas allá de cualquier duda, la única posible fuente de estos genes extra, y a menos que se determine que la infección fue de las bacterias al hombre y no del hombre a las bacterias, la única solución posible será la ofrecida hace milenios por los textos sumerios:
Hasta entonces, los 223 genes extraños y enigmáticos, permanecerán como una alternativa y como una prueba de una corroboración por parte de la ciencia moderna de los Anunnaki y sus modificaciones genéticas hechas en la tierra.
  Pues tamaño dilema tiene la ciencia moderna.  Sin más por ahora, esperando que Usted saque sus propias conclusiones, desde 2012 Odisea del Espacio, me despido hasta el próximo material.  FT

   
 
 

¿Somos ya esclavos de la Inteligencia Artificial?

La Inteligencia Artificial es una bendiciòn , desde mi punto de vista.  Nos ayuda a hacer nuestro trabajo, nos ayuda a generar imàgenes, nos...