sábado, 1 de noviembre de 2014

La guerra invisible





Hoy vamos a hablar de corrupción.  De un sistema que nos considera sus enemigos.  Vamos a hablar de una guerra invisible que está ocurriendo, que está Usted librando sin darse cuenta.
Hoy vamos a hablar sobre lo que está ocurriendo en muchos países, sobre lo que está haciendo el sistema.  El sistema me considera a mí, y por ende lo considera a Usted un enemigo.  Creemos que las instituciones realizan sus funciones para organizar una sociedad, pero resulta que esas instituciones solo apuntan a beneficiar a un sector de la población, a una casta, a una clase social, a los ricos, a los que lo tienen todo, los que además quieren que Usted no tenga nada en el futuro.
El clasismo institucionalizado, ha permitido a lo largo de los años modificar las leyes a su antojo.  Pero ¿para qué?  Pues para quitar del medio a todos esos jueces que acaban destapando escándalos de corrupción  o temas que pudiesen molestar a su posición social como su ideología.
En varios países latinoamericanos ha ocurrido.  Jueces que hacen su trabajo son inhabilitados de por vida por investigar a personas con influencia, capaces de hundir carreras para que la “gran fiesta” del robar, y para que el fondo económico nunca deje de funcionar para sus intereses y sus rescates bancarios, para sus tarjetas Gold, para sus negocios inmobiliarios, para su inmensa red de “tejes y manejes”   Realmente estamos ante la punta del iceberg de lo que hay.
Como si un rescate bancario que hipotecase el futuro de todos los latinoamericanos sucediera todos los años.  Ellos son el Poder, se conocen, se protegen, quieren dinero, quieren su dinero, quieren el mío, lo quieren para ellos.  Tratan de robarlo, esa es su idea constante.  Para ellos eso es lo único que importa, el dinero, nuestro dinero.  




En mi vida me he enfrentado a diferentes retos.  Me he cruzado con personas de muchas condiciones, muchas de ellas de la más baja calaña.  Sé cómo piensan, sé cómo actúan, sé lo que dicen y sé como lo dicen.  Se creen maravillosos, se creen que tirar para adelante con este sistema de robo al ciudadano y corrupción es la única manera de hacer las cosas.  Ellos conciben al mundo como si fuera un supermercado y ellos tuvieran tarjetas sin límite de crédito.
No concebimos la maldad, no concebimos la magnitud de la corrupción, hasta dónde llega su codicia y su inmundicia, hasta dónde llegan sus redes, hasta dónde llega su influencia.  Infiltran espías en las protestas ciudadanas, en los municipios, e indultan a amigos y familiares.
Estamos en guerra.  Ellos han empezado una guerra sin cuartel, pero no contra nosotros solamente, sino contra nuestros hijos y contra nuestros nietos y bisnietos también.   Es una cuestión de supervivencia, de una casta contra otra.  Y claro, observo las caras de esta tremenda gente reptil , podríamos llamarles así, y me impresionan, y es que viven en otro mundo, en otra dimensión, en una “discoteca de la alegría”.  Son cobardes y son mediocres.  Los oigo con los himnos de sus partidos, fuera el que fuera, y llenándose de palabras de odio entre ellos y contra cualquier contrincante que expone que otro mundo es posible.  Se llenan la boca diciendo que hacen las cosas a favor del pueblo, pero de populares no tienen nada.
Y es que ellos se sienten atacados en su casta, porque siempre han vivido bien en este sistema que nos acaba excluyendo a la mayoría.  No se basan en la estrategia, sino que hacen una ferviente oposición de la oposición, osea que dicen “este es el único sistema que hay, es la única economía que hay y la única manera de hacer las cosas”.  Ellos apoyan barbaridades económicas que hacen que la gente de a pié se quede en la calle.  Viven entre nosotros, como si un lagarto hubiese entrado en un hormiguero y se comiese las hormigas a placer.  Las hormigas somos nosotros que seguimos trabajando y nos damos cuenta que tenemos menos número y que hay más enfermedades y dolor.  Pero no nos damos cuenta que el  lagarto está en el hormiguero.  Y hay muchos de esos lagartos, hay mucha maldad codiciosa de la religión del dinero acampando a sus anchas por nuestra sociedad, por nuestro trabajo, por nuestros amigos y hasta en nuestros familiares.  Son personas que han acabado vendiendo su dignidad, porque consideran que votando a cierta gentuza van a tener dinero en el futuro.
La gente me escribe muchos emails y me dice:  ¿Qué hacemos?  Y yo digo ¿Qué no hacemos?  Vi el otro día a un hombre en un puente manifestándose con un cartel, solitario, pero manifestándose.  Y cada uno de nosotros tenemos un puente para manifestarnos con un cartel, y un voto, un voto para echarle a esa gentuza.  Este es mi puente, este es mi cartel.
Dejemos tal vez de mirar estupideces en la televisión y empecemos a pensar por nosotros mismos.  Busquemos información, ya no en los grandes medios de comunicación, sino allí donde la verdad se encuentre y no nos manipulen.  Hasta la próxima.  SuperFeRaD


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